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Carta Abierta

 

Wikipedia (lo amas o lo odias) define el término "gentrificación" (proveniente del inglés gentry, «alta burguesía») como el «Proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado —o en declive— a partir de la reconstrucción —o rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las preexistentes— que provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios. Esto provoca que los residentes tradicionales abandonen el barrio —y que se sitúen en espacios más periféricos—, lo que produce que este «nuevo» espacio termine por ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita afrontar estos nuevos costes. Este proceso tiene especial relevancia en los últimos años en los países capitalistas y principalmente en ciudades con importante potencial turístico y relevancia económica. En ocasiones, también se utiliza para analizar esta situación respecto de usos comerciales o de servicios. Por ejemplo, la construcción de centros comerciales o tiendas pertenecientes a grandes cadenas, relegando a los pequeños negocios. La gentrificación no se centra únicamente en los aspectos físicos, sino que involucra una serie de cambios en la conformación de la población y se caracteriza por el desplazamiento de un estrato social por un estrato superior.»

 

La colonia Escandón es un lugar claro de este fenómeno, que, debido a su cercanía con otros vecindarios "trendy" de la ciudad de México –las colonias Roma, Condesa y San Miguel Chapultepec– ha sido absorbido por el mismo perfil de personas que frecuentan, habitan o generan actividades comerciales en dichos vecindarios, a pesar que, históricamente, la colonia Escandón había sido, hasta hace poco, un barrio "popular", ergo, de actividad y vivienda para personas que no se consideran de una clase "acomodada."

 

¿A qué viene esto? Es bien sabido que las galerías de Arte son uno de los males señalados como generadores de gentrificación y "whitewashing" en vecindarios populares de todo el mundo, que fungen como "exploradores" que atraen a la clase media - alta, previamente ajena al entorno, embelleciendo el mismo con actividades atractivas, de "alta cultura", que abren la puerta a otro tipo de negocios para ese mismo target (cafeterías, bares, tiendas) y en última instancia, inversión del sector inmobiliario, para generar vivienda e inmuebles que exploten la llegada de esta población.

 

Fundé PROGRESO hace tres años con tres motivaciones muy ingenuas (como todo lo que hago, para mal más que para bien) en mente: a) Mi interés en el Arte, y mi interés en desempeñarme como artista tratando de dar un giro interesante al hecho de que soy totalmente desconocido en un medio donde, ya de por sí, es difícil pasar años "picando piedra" y compitiendo entre miles de personas que operan cada día más su imagen personal u obra como una marca empresarial. b) mi experiencia previa en la gestión de proyectos culturales, que me incitó a crear mi propia iniciativa, de manera independiente, para descansar del networking: el "who's who" y tener que mostrar tu "impacto" en redes sociales con eventos de dudosa relevancia, y c) Mi amor por la colonia Escandón. Un barrio que he tenido en la memoria desde niño jugando en las piletas del mercado y en el parque, donde conocí a mi pareja hace ocho años, y donde hace tres firmé el contrato para rentar un pequeño local que otrora vendía celulares, al lado del El Ilusionista - Café, proyecto que una amiga emprendió después de renunciar a su vida de explotación godín. Todo esto, en resumen, era mi forma de defensa, de "street cred" cuando alguien pasaba diciendo "qué es aquí" (sic) y "qué le está pasando la colonia": la sinceridad de estar haciendo algo que amo en un lugar que amo, sin obedecer a motivos "oscuros" de levantar la colonia, hacerme de varo (#lmao he vendido una sola pieza en tres años de actividad) y evolucionar la esquina de Progreso y Zetina a un ambiente apto para curadores, artistas, gestores y otra flota que cada día veía más frecuentemente tomando chai latte al lado mío (muchos ni se dignaban a echar un ojo a lo mío, así que a la verga.)

 

Todo esto a qué viene: El año pasado un visitante me comentó que estaba armando un proyecto bien utópico a una cuadra de la galería, con residencias artísticas, exposiciones de arte, y que debería darle un vistazo, para "colaborar"; hacer proyectos juntos. El lugar, que actualmente ya está activo, no cuenta con lo que yo consideraría un mínimo de garantías para operar, ya ni siquiera poner un pie ahí: Una antigua escuela evangelista casi en ruinas, con vigas podridas, muros dañados y moho negro en algunos techos. El "catch" más importante: el predio pertenece a una constructora que ya es responsable por el desarrollo de múltiples "lofts" de lujo en la demarcación, y eventualmente (cuando tengan permisos, supongo) van a tirar esta ruina para ampliar sus viviendas, continuando de forma estable el encarecimiento de la zona y el desplazamiento de los habitantes (que no se van en silencio: hasta el año pasado todavía llegaron granaderos a desalojar a múltiples familias.)

 

Poco sirve aclarar que no estoy criticando la labor de los proyectos artísticos que forman parte de esta iniciativa (muchos que conozco, algunos que incluso estimo, y que ya me habré "echado encima" a partir de hoy) ni juzgar la calidad de los mismos, porque tienen más que lo que yo hago; la existencia de despachos arquitectónicos e inmobiliarias tampoco me parecen "malvadas" de facto...

 

LO QUE SÍ ME PARECE CHAFA ES EL LLANO SERVILISMO DE UNA COMUNIDAD QUE NO TIENE REPARO EN OCUPAR UNA RUINA DE MIERDA, QUE INCLUSO PUEDE SER UN PELIGRO PARA SUS VISITANTES Y ELLOS MISMOS, PARA SATISFACER LA AGENDA DE UNA INMOBILIARIA

 

que en un año o menos les dirá "gracias por participar" y tirará el lugar para construir departamentos que cuestan seis millones de pesos (en adelante.) Si los beneficios de formar parte de un escenario tan absurdo son tangibles (calidad de vida, un costal lleno de dinero, crecimiento profesional, qué se yo) supongo que ¿está bien? aunque presiento que, como siempre, el capital acumulado seguirá siendo simbólico.

 

Regresando a lo que a mí me compete: Pues, yo creo que

 

a) Es importante tener una postura, aunque en el mundo del Arte ya no está de moda hacer manifiestos, y en cambio, todo lo que importa es el "networking", subir peldaños y quedar bien, esperando que un día te inviten a ocupar un lugar en la ruina que es este mundo donde impera el capital y abundan los desplazamientos.

 

b) Sin importar la agenda particular de cada proyecto cultural o artístico en esta demarcación, todos serán vistos con sospecha, y a veces, con justa razón. Todo entra en el mismo costal: PROGRESO vendrá a ser uno más de los ladrillos que cimentaron este ambiente "hip" amigable con la gentrificación, aunque yo y sus actores sabemos que no: que a los influencers nunca les ha interesado ni asomarse por aquí, entre sus compras de café latte, y cada quien a gusto en lo suyo.

 

Para terminar: En Febrero se llevará a cabo la última exposición en Progreso #33, y luego descenderé un escalón más a la clandestinidad. (Probablemente, también tendré que pensar en buscar dónde vivir, porque después de tantos años rondando la Escandón, costear las rentas se va haciendo más difícil.) Si alguien sigue con interés en las actividades que vienen, seguimos en contacto.

 

A.

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